Pausa
 


NOTAS DE ACTUALIDAD

. Una dura docilidad | Ricardo Seldes

. Pausa - Parejas | Graciela Lucci

Me doy vuelta hacia tu lado,
en el lecho o la vida,
Y encuentro que estas hecha de imposible.
Me vuelvo entonces hacia mí
Y hallo la misma cosa.
Es por eso
que aunque amemos lo posible,
Terminaremos por encerrarlo en una caja,
Para que no estorbe mas a este imposible
Sin el cual no podemos seguir juntos.

                                              (Roberto Juarroz)

El individuo contemporáneo, siempre exiliado de sí mismo, encuentra en su ser más íntimo, lo más lejano y deslocalizado de él. Y muchas veces lo ubica en el otro de la pareja.
Sabemos, por Lacan, que amar es dar lo que no se tiene, a quien no lo es. Se ama al otro por lo que no tiene, pero sí se lo supone. El desencuentro está en el centro de la paradoja del deseo y del amor. Se demanda al otro, lo que no tiene. Hay algo que no puede demandarse porque, simplemente, el otro lo carece. Ahí radica su paradoja.
La demanda de amor se dirige a un otro del cual espera un signo; y le supone al otro un saber sobre las características y cualidades esperadas de ese signo. Generando la mayoría de las veces un gran malentendido que conlleva sufrimiento.
Lacan nos enseñó que no hay amor sin odio. Nos podemos preguntar qué es lo que se odia en el otro? Se odia la manera particular en que el otro goza. El goce es radicalmente diferente entre los individuos, es difícil soportar que el otro no sea uno, que sea diferente, que piense de otra manera, que nos excluya de esa satisfacción.
Constituye además, una evidencia incuestionable: es muy frecuente la demanda a los analistas por parte de una pareja que solicita ser recibida como tal.
Esta situación rebasa completamente la direccionalidad de esa demanda a quienes se hacen conocer como "especialistas" de pareja.
De hecho la transferencia que concentran los colegas de la orientación lacaniana hace que permanentemente reciban y -es una constatación- acepten esas demandas.
Demandas de hacerse escuchar por quienes consideran que merecen su confianza; tanto por suponerles un saber sobre la subjetividad de la época como por la dimensión ética que la orientación lacaniana ha sabido sostener a lo largo de los años.

Graciela Lucci
Responsable de Pausa-Parejas

. Los excesos en la actualidad | Verónica Berenstein

A veces ocurre que, inesperadamente, surge un malestar que se presenta en “mayor medida” a la esperada o tolerada por la persona e interfiere en la vida cotidiana.
En el intento de especificar lo que ocurre, pueden surgir diversas cuestiones: sensaciones que invaden el cuerpo, profusión de pensamientos que no se detienen, sentimientos desagradables, ideas raras que nos invaden, angustia, miedos...
Otras veces se localiza el origen en el entorno: una exigencia desmedida en el ámbito escolar o laboral, algún desajuste en el entorno social o familiar, o alguna decepción respecto a lo anhelado.
Es decir: hay una irrupción de un padecimiento excesivo que no logramos apaciguar, limitar o encauzar.
El encuentro con un psicoanalista en alguna de estas encrucijadas puede permitir, más allá de ubicar las causas, crear un modo singular de transitar lo que ocurre, elegir modos de hacer más satisfactorios y menos limitados.

En otra época, había instancias claras que frenaban o enmarcaban ciertos excesos. En las familias, generalmente estaba el padre que mandaba, reglamentaba y sostenía un ordenamiento. Y, si por alguna circunstancia éste no estaba, esa función la encarnaba algún otro familiar o persona allegada, o, inclusive, algunas instituciones, como ser la escuela, a través de un maestro, o en el trabajo, algún jefe, etc. Había alguien que marcaba claramente lo que estaba permitido y lo prohibido.
Los malestares subjetivos, entonces, tenían relación con esta interdicción, con la represión, la ley, que había sido instalada y se sostenía socialmente. Surgían en función de cómo satisfacer ciertos deseos en relación a estos caminos trazados. Las angustias, los síntomas en el cuerpo, las inhibiciones, las insatisfacciones, directa o indirectamente, apuntaban a aquella figura que sostenía este ordenamiento.

Hoy día, esta instancia ordenadora, que impedía algunas cosas y vehiculizaba otras, ya no se encuentra del mismo modo. Las figuras que representan la imagen paterna, la autoridad, el sostén, están muy debilitadas. No sólo en aquellas familias en las que no hay un padre, sino en lo social mismo: los maestros, los líderes, el barrio, etc. ya no tienen la influencia y atribuciones que tenían en otro momento.
Así es que, las personas actualmente, no sólo no están sujetas a ordenamientos o interdicciones claras, sino que, por lo contrario, hay un mandato a traspasar los límites, a desconocerlos. Así como antes había una represión de la satisfacción, ahora hay un empuje a buscar siempre más: más placer, más tiempo, más objetos. Es decir, hay un impulso hacia lo ilimitado.
¿Acaso el “stress” tan extendido en nuestros días, la ansiedad, el insomnio, el niño hiperquinético, no son algunas formas de presentarse este exceso que el sujeto no puede tramitar de otro modo? ¿Y la amplísima gama de adicciones tan difundidas actualmente, no son la presentación, la puesta en juego, justamente, de un exceso difícil de frenar?

Asistimos desde nuestro entorno a una oferta permanente y excesiva de objetos que empujan a este “goce sin freno”.
Por ejemplo, en el consumo de sustancias como el alcohol o las drogas; así como antes se prohibían, hoy se las estimula con la promesa de la desinhibición, de la euforia, de la pérdida de la vergüenza o de la tristeza.
O en la esfera sexual; antes había una represión de la sexualidad, hoy día hay una incitación a ella, de diversas maneras, una de las cuales es a través de medicamentos que son ofertados para tener un rendimiento sin fisuras, una performance asegurada sin posibilidad de fracaso y un placer ilimitado.
En esta misma lógica, la de borrar los obstáculos y seguir funcionando, hay otros medicamentos que también apuntan a tal fin: hay para dormir, para despertar, para tener más energía, para estar más calmado, etc, etc.
Sin embargo, estos modos de tratar de superar los malestares desconociendo los obstáculos propios de cada coyuntura y de cada sujeto, dejan un resto que no se asimila, que tarde o temprano retorna de alguna manera, y que tiene que ver con lo más singular de cada uno.

El encuentro con un psicoanalista ofrece otro camino posible. A través de la palabra, se tratará de localizar lo que está en juego en cada sujeto, lo particular de cada quien, para poder tener otra relación con lo que a cada uno le pasa y en relación a los otros, y separarse de este mandato contemporáneo que empuja a lo ilimitado.
Lejos de tratar de reinstalar aquella figura de autoridad que hoy está en decadencia, se apuntará a crear una manera nueva y singular de hacer algo con aquello irreductible que se repite y que nos hace padecer. Es decir, se tratará de inventar algo nuevo.

Verónica Berenstein

. Actualidad de la adolescencia | Damasia Amadeo de Freda

Los adolescentes presentan problemas y dificultades que, como se dice corrientemente, « son propios de la edad ». Dicha particularidad no implica que estos problemas, propios a ese momento de la vida, vayan a desaparecer inevitablemente con el tiempo. Muchas veces sucede así y las teorías psicoanalíticas lo han constatado. En otros casos, dichos síntomas se enquistan, se transforman y dan lugar a patologías más serias.

Hemos observado que los adolescentes, en ciertas circunstancias, hacen de su síntoma una forma de reivindicación, de independencia, de separación de las figuras paternas o les sirven como modalidades de identificación. Es normal. Sin embargo, cuando dichas manifestaciones se extienden en el tiempo pueden dar lugar a estilos de vida y a formas de marginalidad graves.

La práctica psicoanalítica nos permite constatar también que una de las manifestaciones sintomáticas más recurrentes en los adolescentes es la desorientación. Ellos emplean regularmente la fórmula “no sé” que indica de manera clara el sentido de la desorientación. Sabemos que dicha desorientación está ligada en nuestra época, no tanto a la falta de una identificación, como sí a una verdadera pulverización del orden de las referencias.
Una serie de síntomas acompañan generalmente dicha desorientación. El fracaso escolar o los trastornos de la alimentación y del comportamiento son algunos de ellos.

Asimismo, puede suceder que en la búsqueda de un punto de identificación sólido, muchos adolescentes encuentren la salida en conductas adictivas, en la inscripción a sectas y bandas donde los comportamientos, ya sean extravagantes o violentos, le otorgan al sujeto un lugar de pertenencia y un seudo nombre que viene a cubrir un defecto en la identificación.

El psicoanálisis recomienda a los adolescentes poder tratar esos momentos subjetivos por la palabra, ya que ésta ha demostrado ser un instrumento efectivo que le permite al adolescente encontrar una vía más acorde a su propio deseo. El tratamiento por la palabra es la alternativa que el psicoanálisis propone a los adolescentes frente a las formas alienantes y de identificación al grupo o a las medidas medicamentosas que en general no resuelven el problema y agravan la situación.

Damasia Amadeo de Freda

 

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